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El blog de Sueños de España

El blog de Sueños de España

Hace muchos años, cuando el idioma castellano entró en mi vida, empecé un maravilloso viaje que nunca acabará... Y tanto me gusta compartirlo con vosotros ! Gracias por seguirme, por participar, por dejar comentarios y leerme, y sobretodo, gracias por el amor y el cariño que les tenéis a nuestra bella España y a las culturas hispánicas.


Cartas desde la Alhambra - Washington Irving

Publié par vero0576 sur 23 Octobre 2011, 19:24pm

Catégories : #Alhambra y Granada, #Libros

Cartas desde la Alhambra - Washington Irving - Edición y traducción de Antonio Garnica Silva - Biblioteca de la Alhambra

Cartas desde la Alhambra - Washington Irving - Edición y traducción de Antonio Garnica Silva - Biblioteca de la Alhambra

 

"Estoy apegado a la Alhambra con un hechizo y es probable que no sea capaz de romperlo..."

Washington Irving, 16 de junio de 1829

 

 

El Patronato de la Alhambra y del Generalife publicó las Cartas desde la Alhambra en 2009. Hasta entonces la correspondencia de Washington Irving se encontraba en la universidad de Harvard y nunca había sido traducida al castellano. Antonio Garnica Silva, profesor de filología inglesa en la universidad de Sevilla, recopiló y tradujo las cartas escritas por Irving desde Granada. Son treinta y siete cartas destinadas a amigos, familiares o colegas, tres de las cuales escritas entre el 9 y el 20 de marzo de 1828, y las otras entre el 4 de mayo y el 29 de julio de 1829, durante el período en que Irving se alojaba en el mismo palacio nazarí. Además de recopilarlas y traducirlas, Antonio Garnica Silva las contextualizó entregándonos datos muy interesantes sobre los destinatarios de esta correspondencia.

El principal interés de las cartas es penetrar en la vida privada de Irving en el momento de la gestación de su obra maestra los Cuento de la Alhambra, proyecto literario de gran interés al que aludió varias veces en las cartas, que nos dejan ver a un escritor en su período de mayor inspiración literaria. Después de la publicación en 1828 de la Historia de la vida y los viajes de Colón, en 1829 Irving publicó la Crónica de la conquista de Granada. Sus dos estancias en Granada - y especialmente la segunda en el mismo palacio nazarí - sembraron las semillas para los cuentos, probablemente el proyecto literario más importante de su vida; el 13 de junio de 1829 le escribía a su hermano Peter : " He decidido permanecer aquí hasta haber puesto en marcha unos escritos relacionados con este lugar y que llevarán el sello de una intimidad real con las escenas que se describen." (p.109).

Cartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington Irving

Esta intimidad con la Alhambra aparece en gran parte de su correspondencia. Alojarse en el palacio era para Irving un inmenso privilegio que sabía apreciar en su verdadero valor, y expresaba claramente su deseo de disfrutar cada instante de su estancia, cada rincón del palacio y de sus jardines, quizás conciente de que nunca volvería a ver el lugar tan soñado. Su contento por vivir en la Alhambra se revela en casi todas sus cartas. El 23 de mayo de 1829 escribía a un amigo de Nueva York : " Y aquí estoy, alojado en uno de los lugares más bellos, románticos y deliciosos del mundo. Tengo a mi disposición todo el palacio porque los únicos residentes fuera de mí son una digna mujer mayor, una sobrina y un sobrino [...] que me hacen la cama, me preparan la comida y son todo amabilidad y devoción con mi persona. Desayuno en el salón de Embajadores, o entre las flores y las fuentes del Patio de los Leones, y cuando no estoy ocupado con mi pluma, descanso leyendo un libro en estos salones orientales, o paseo por los patios y los jardines sin que nadie me moleste. Todo eso me parece un sueño o como si estuviera encantado en algún palacio de hadas." (p.91)

Quería más que todo impregnarse del alma del lugar y de su Historia, que se mezclaban con las leyendas que le contaba Mateo Jiménez. Al mismo amigo relataba que le "gustaría disfrutar de las delicias de este lugar durante el tiempo  del calor y hacerse una idea completa de cómo estos inteligentes árabes se divertían en sus salones de mármol refrescados por fuentes y corrientes de agua." (p.92). A lo largo de las cartas caemos en la cuenta de que se iba creando entre el escritor y la fuente de su inspiración un vínculo muy fuerte; el 16 de junio de 1829 explicaba en una carta muy cariñosa a su hermana Catherine : " ... la deliciosa tranquilidad y la belleza del lugar se han combinado para apegarme a él con un hechizo y es probable que no sea capaz de romperlo durante la semanas venideras." (p.117). El lugar y sus habitantes, el ambiente, las leyendas... constituían el marco ideal para que la pluma romántica de Irving pudiera revelar todo su talento; en efecto él se portaba como un auténtico romántico. En su correspondencia le gustaba describir la Alhambra, sus jardines, la magia que se desprendía de este lugar extraordinario, el apego casi sobrenatural que le unía a este lugar, sus largos paseos nocturnos por el palacio a la luz de la luna, que asustaban tanto a la joven Dolores. Escribía a su sobrino Edgar el 23 de mayo de 1829 :"... por la tarde cuando me separo de la pluma me paseo por el viejo palacio hasta bastante tarde, con ninguna otra compañía que los murciélagos y los búhos. La pequeña Dolores, la muchacha española de ojos brillantes que me cuida no puede comprender el placer que yo encuentro en estos paseos solitarios, ya que nada ni nadie hará que ella baje a los amenazadores patios y salones del palacio después de oscurecer, y Mateo Jiménez, el harapiento "historiador" que me cepilla la ropa, teme que esté pasando un ataque de melancolía." (p.98-99) Por eso las cartas nos permiten entender cómo nacieron los cuentos : Irving llevó durante tres meses una vida retirada y ociosa pero de intensa creación literaria. Muy conciente de lo efímero del sueño que vivía, sabía que para llevar a cabo su proyecto debía apropiarse del alma del lugar:  pasearse, oler, sentir, escuchar, mirar, soñar, leer, escribir guardando huellas imborrables : las raíces de los Cuentos de la Alhambra.

Cartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington Irving

La correspondencia de Irving resulta esencial en la comprensión del proceso creativo que condujo a la escritura de los Cuentos : todo lo que quería comunicar sobre sus trabajos literarios, lo que sentía, lo que vivía, sus impresiones, sus dudas, etc queda anotado en sus cartas, único hilo que le unía con el mundo exterior durante su estancia granadina de 1829 : siempre se quedaba en el palacio, sin bajarse casi nunca a la ciudad. Varias veces confesó que le daban ganas de regresar a su país, que se sentía algo solo en el gran palacio nazarí y sintió mucho la salida de su sobrino Edgar que le había visitado durante algunos días (El 23 de mayo de 1829 escribió a su gran amigo Dolgorouki : " Me hubiera gustado que se quedara aquí conmigo algún tiempo más pero sabía muy bien que un joven como él no puede ser tan feliz en una soledad de la que puede disfrutar una persona de mi edad y costumbres extrañas y además me sentía un poco responsable al detenerlo más tiempo lejos de su familia y amigos simplemente por mi gusto." p.95). Hasta le pidió a este mismo amigo, en su carta del 15 de junio de 1829, que le mandara periódicos para saber "por qué caminos andaba el mundo" (p.114) y salir un poco del aislamiento en el que estaba hundido. Pero ni el aislamiento ni la soledad ni los deseos de regresar a su país pudieron romper el hechizo que parecía ejercer la Alhambra en el escritor. 

En efecto sintió Irving una profunda decepción cuando tuvo que salir para Londres. En julio se enteró de que acababan de nombrarle secretario de la legación americana en Londres; el 29 dejó la Alhambra y a sus habitantes camino de Londres con mucho sentimiento. Vaciló mucho en aceptar el cargo que le ofrecían; Irving era un puro romántico y no le interesaban los honores. Solo quería destacar en sus trabajos literarios. El 18 de julio de 1829 escribió a su hermano Peter: " Mi único horror es el ruido y el torbellino del mundo. Cómo podré soportarlo después de la deliciosa tranquilidad y reposo de la Alhambra." (p.125) y el 22 de julio de 1829 a Alexander Everett : "Mi retirada vida literaria durante los últimos tiempos me ha casi incapacitado para el bullicio y los negocios del mundo, y no tengo ambición política que me mueva a hacer una carrera oficial. Sin embargo, mi hermano y algunos queridos amigos íntimos me han escrito animándome a aceptar de forma que me he rendido a sus deseos, en oposición a los míos." (p.130). Le preocupaba tener que aguantar la vida en Londres, tan distinta de la vida retirada y solitaria que había llevado durante algunas semanas en la Alhambra y temía que su nuevo cargo estorbara sus proyectos literarios. A pesar de sus dudas aceptó el cargo, convencido por sus amigos y familiares, especialmente su hermano Peter. El 22 de julio, una semana antes de marcharse para Londres, escribió a Peter : " Me iré de la Alhambra en el curso de unos pocos días, pero la abandonaré con sentimiento. Nunca olvidaré en mi vida tan deliciosa morada, y creo que jamás me he encontrado con otra igual." (p.133)

El recuerdo de este lugar tan delicioso que nunca volvería a ver le iba a acompañar durante toda su vida, permitiéndole escribir los Cuentos de la Alhambra. Su correspondencia refleja perfectamente el amor y el cariño que le tenía al palacio nazarí, y completa la lectura de los cuentos.

 

Véronique RAMOND

 

Fuentes :

Cartas desde la Alhambra - Washington Irving

Le Patronato de la Alhambra y del Generalife a publié les Lettres depuis l'Alhambra en 2009. Jusqu'alors la correspondance de Washington Irving se trouvait à l'université d'Harvard et n'avait jamais été traduite en castillan. Antonio Garnica Silva, professeur de philologie anglaise à l'université de Séville, compila et traduisit les lettres écrites par Irving depuis Grenade. Il s'agit de trente-sept lettres destinés à des amis, des membres de sa famille, des collègues ; trois d'entre elles ont été écrites entre le 9 et le 20 mars 1828, et les autres entre le 4 mai et le 29 juillet 1929, période durant laquelle Irving habitait au sein même du palais nasride. Antonio Garnica Silva ne s'est pas contenté de compiler et de traduire les lettres, il les a aussi replacées dans leur contexte en nous donnant de très intéressantes informations sur leurs destinataires. 

Le principal intérêt des lettres est de pénétrer dans la vie d'Irving au moment même de la gestation de son Chef d'oeuvre les Contes de l'Alhambra, projet littéraire de grand intérêt et auquel il fit plusieurs fois allusion dans cette correspondance qui nous montre un écrivain dans sa période de plus grande inspiration littéraire. Après la publication en 1828 de l'Histoire de la vie et des voyages de Colomb, en 1829 Irving publia la Chronique de la conquête de Grenade. Ses deux séjours à Grenade - et particulièrement le second au sein même du palais nasride - semèrent les graines nécessaires aux contes, probablement le projet littéraire le plus important de sa vie ; le 13 juillet 1829 il écrivait à son frère Peter : "J'ai décidé de rester là pour amorcer quelques écrits en relation avec cet endroit et qui porteront le sceau d'une réelle intimité avec les scènes qui y seront décrites ".

Cartas desde la Alhambra - Washington Irving
Cartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington Irving

Cette intimité avec l'Alhambra apparait dans une grande partie de sa correspondance. Loger dans le palais même était pour Irving un immense privilège qu'il savait apprécier à sa juste valeur, et il exprimait clairement son désir de profiter de chaque instant de son séjour, de chaque recoin du palais et de ses jardins, peut-être conscient du fait qu'il ne reverrait jamais par la suite l'endroit tant rêvé. Le bonheur que lui procurait sa vie dans le palais se révèle dans presque toutes ses lettres. Le 23 mai 1829 il écrivait à un ami de New-York : " Et je suis là, logé dans l'un des endroits les plus beaux, les plus romantiques et les plus délicieux du monde. J'ai à ma disposition le palais tout entier car les seuls résidents en dehors de moi sont une digne femme âgée avec son neveu et sa nièce [...] qui font mon lit, me préparent à manger et font preuve d'une très grande amabilité et d'une immense dévotion envers ma personne. Je prends mon repas dans la salle des Ambassadeurs, ou parmi les fleurs et les fontaines de la Cour des Lions, et lorsque je ne suis pas occupé par ma plume, je me repose en lisant un livre dans les salons orientaux, je me promène dans les cours et les jardins, sans être dérangé par qui que ce soit. Il me semble que je vis un rêve ou que je suis ensorcelé dans quelque palais de contes de fées."

Il voulait plus que tout s'imprégner de l'âme de cet endroit et de son Histoire, qui se mêlaient aux légendes racontées par Mateo Jiménez. A ce même ami il racontait qu'il "aimerait profiter des délices de cet endroit et se faire une idée précise de la manière dont ces arabes si intelligents se divertissaient dans les salons de marbre rafraichis par les fontaines et les cours d'eau." Tout au long de ses lettres nous nous rendons compte que se créait peu à peu entre l'écrivain et la source de son inspiration un lien très fort; le 16 juin il expliquait dans une lettre très affectueuse à sa soeur Catherine : "... la délicieuse tranquilité et la beauté de cet endroit se sont mêlées pour m'y lier par un sortilège que je ne serai probablement pas capable de briser durant les semaines à venir." Le lieu et ses habitants, l'ambiance, les légendes...constituaient le cadre idéal pour que la plume romantique d'Irving puisse révéler tout son talent ; car il se comportait comme un authentique romantique. Dans sa correspondance il aimait décrire l'Alhambra, ses jardins, la magie qui se dégageait de ce lieu si extraordinaire, l'attachement presque surnaturel qui l'unissait à ce lieu, ses longues promenades nocturnes qui effrayaient tant la jeune Dolores. Il écrivait à son neveu Edgar le 23 mai 1829 : "... le soir lorsque je pose ma plume je me promène dans le vieux palais jusque très tard, avec pour seule compagnie celle des chauves-souris et des hibous. La petite Dolores, la jeune espagnole aux yeux brillants qui s'occupe de moi, ne comprend pas le plaisir que je peux trouver à ces promenades solitaires, puisque rien ni personne ne la ferait descendre vers les menaçants salons et les cours du palais après la tombée de la nuit, et Mateo Jimenez l' "historien" déguenillé qui lave mon linge, craint que je ne sois pris d'une crise de mélancolie..." C'est pourqui les lettres nous permettent de comprendre comment sont nés les contes : Irving a mené durant trois mois une vie retirée et oisive, mais d'une intense création littéraire. Bien conscient du côté éphémère du rêve qu'il était en train de vivre, il savait que pour mener à bien son projet il devait s'approprier l'âme du lieu : se promener, sentir, écouter, regarder, rêver, lire, écrire en gardant des traces indélébiles : les racines des Contes de l'Alhambra.

Cartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington IrvingCartas desde la Alhambra - Washington Irving

La correspondance d'Irving est essentielle dans la compréhension du processus créatif qui a mené à l'écriture des contes : tout ce dont il souhaitait faire part concernant ses travaux littéraires, ce qu'il ressentait, ce qu'il vivait, ses impressions, ses doutes, etc, sont inscrits dans ses lettres, l'unique fil qui le reliait au monde extérieur durant son séjour à Grenade en 1829 : il restait continuellement dans le palais, sans presque jamais descendre vers la ville. Il avoua plusieurs fois son désir de retourner dans son pays, qu'il se sentait un peu seul dans le grand palais nasride, et regretta beaucoup le départ de son neveu Edgar qui lui avait rendu une visite de quelques jours (Le 23 mai 1829 il écrivit à son grand ami Dolgorouki: "J'aurais aimé qu'il reste un peu plus longtemps ici avec moi mais je savais fort bien qu'un jeune homme comme lui ne peut être heureux dans cette solitude dont seule une personne de mon âge et aux habitudes aussi étranges que les miennes peut profiter; en outre je me sentais un peu coupable de le retenir plus longtemps loin de sa famille et de ses amis pour mon propre plaisir ". Il demande même à cet ami, dans sa lettre du 15 juin 1829, de lui envoyer des journaux pour savoir "comment allait le monde" et sortir un peu de l'isolement dans lequel il était plongé. Mais ni l'isolement ni la solitude ni le désir de retourner dans son pays ne purent rompre le sortilège que semblait exercer l'Alhambra sur l'écrivain. 

En effet Irving ressentit une profonde déception lorsqu'il apprit qu'il devait partir pour Londres. En juillet il sut qu'il venait d'être nommée secrétaire de la délégation américaine à Londres ; le 29 il quitta l'Alhambra et ses habitants pour Londres avec beaucoup de tristesse. Il hésita longtemps avant d'accepter la charge qu'on lui offrait; Irving était un pur romantique et il accordait peu d'importance aux honneurs. Il ne voulait se distinguer que par ses travaux littéraires. Le 18 juillet 1829 il écrivit à son frère Peter: "Ma grande peur, ce sont le bruit et l'agitation du monde. Comment pourrais-je les supporter après la délicieuse tranquilité et le calme de l'Alhambra." et le 22 juillet 1829 à Alexander Everett: "Ma vie littéraire retirée de ces derniers temps m'a rendu incapable de supporter l'agitation et les affaires du monde, et je n'ai aucune ambition politique qui me pousse à faire une carrière officielle. Cependant, mon frère et quelques amis proches m'ont écrit pour m'encourager à accepter; c'est pourquoi je me suis rangé à leur avis, quitte à aller à l'encontre du mien." Il était inquiet de devoir supporter la vie à Londres, si différente de la vie retirée et solitaire qu'il avait menée durant ces quelques semaines à l'Alhambra. Malgré ses doutes, et poussé par ses amis et sa famille, particulièrement son frère Peter, il accepta le poste qui lui était proposé. Le 22 juillet, une semaine avant son départ pour Londres, il écrivit à Peter : "Je quitterai l'Alhambra dans quelques jours, mais je l'abandonnerai avec une grande tristesse. Jamais je n'oublierai ma vie dans une si délicieuse demeure, je crois n'en avoir jamais trouvé d'autre semblable."

Le souvenir de cet endroit si délicieux qu'il n'allait jamais revoir allait l'accompagner durant toute sa vie et lui permettre d'écrire les Contes de l'Alhambra. Sa correspondance reflète parfaitement l'amour et l'affection qui l'unissaient au palais nasride, et complète la lecture des contes. 

 

Véronique RAMOND

Cartas desde la Alhambra - Washington Irving

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