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El blog de Sueños de España

El blog de Sueños de España

Hace muchos años, cuando el idioma castellano entró en mi vida, empecé un maravilloso viaje que nunca acabará... Y tanto me gusta compartirlo con vosotros ! Gracias por seguirme, por participar, por dejar comentarios y leerme, y sobretodo, gracias por el amor y el cariño que les tenéis a nuestra bella España y a las culturas hispánicas.


Juana la reina loca de amor - Yolanda Scheuber

Publié par vero0576 sur 11 Mai 2011, 21:08pm

Catégories : #Juana I de Castilla - la Loca, #Roman - Narrativa, #Historia

Juana la reina loca de amor - Yolanda Scheuber

"- Qué extraño - se dijo Juana en voz muy baja -, cada vez que pienso en alguien o en algo, aparece en mi mente la idea obsesiva de la eternidad."

Juana la reina loca de amor - Yolanda Scheuber

Juana, hija de los Reyes Católicos, se pasa la primera noche en el palacio de la Alhambra después de la rendición de Boabdil...  La joven Juana, que con trece años de edad todavía no es Juana la Loca, va descubriendo el palacio; con la intuición propia de una infancia que aun no se ha desvanecido por completo, siente la presencia de los fantasmas moros, siente la Historia, esta Historia en la que penetrará más tarde contra su voluntad, convirtiéndose ella también en fantasma cuando sólo quería vivir.

 

"Los festejos concluyeron al dar las vísperas. Cansada, por el día tan agotador como alegre, fue conducida por su doncella hacia los nuevos aposentos que le habían destinado en el palacio de los Leones. Atravesó el patio en silencio mientras contemplaba uno de los lugares más deliciosos de la Alhambra. Sus ciento veinticuatro columnas, con sus correspondientes arcos, semejaban un nutrido bosque de palmeras en cuyo centro, como en un oasis, se levantaba imponente una fuente con doce leones. Aplacados los acordes de la fiesta, solo llegaba hasta sus oídos el rumor del agua que parecía rimar con la esbeltez de las columnas, con el verde fresco de los limoneros y con la postura hierática de los felinos. Aquel sonido suave pero monótono le acompañó hasta la intimidad de sus habitaciones y, con aquel murmullo que parecía acunarla, se durmió enseguida.

A pesar del cansancio, sobre la medianoche se sintió sacudida de su pesado sueño. Entreabriendo los ojos en medio de la penumbra que la rodeaba, permaneció inmóvil, tratando de recordar dónde se hallaba. La tenue luz de la luna se filtraba suavemente a través de las celosías, bañando todo con ese tono propio de total recogimiento.

Agudizó aún más su vista y fue entonces cuando resaltaron las inscripciones de las paredes con sus adornos vegetales. De pronto recordó todo. Encendió una vela y observó más claramente aquellas escrituras árabes, cúficas y nasji, de una elegancia especial y de rasgos voluptuosos e indescifrables. Aquelles jeróglifos eran inscripciones embellecidas por el dorado y el color. La bóveda del techo había sido labrada íntegramente en infinidad de hojas copiadas de los follajes de los jardines y elaboradas, según la tradición, como una mezcla muy trabajada de yeso, cáscaras de huevos, aceites y almendras.

De pronto, una sensación extraña invadió su cuerpo. Aquella fortaleza tan extraordinariamente grande, capaz de albergar hasta un ejército de cuarenta mil hombres, parecía hallarse presa de un secreto sortilegio. Sortilegio del cual no lograría desprenderse jamás, permaneciendo en el tiempo como una posesión fantasmal y perpetua de los reyes moros.

Decir Alhambra significaría decir por siempre: presencia árabe. Un enclave musulmán en una tierra fanáticamente cristiana, que valiente y dignamente habían conquistado y por la que habían luchado y muerto, defendiendo su gran ideal.

Las sombras de aquellos seguirían rondando eternamente dentro de esos muros, cual prisioneras del inagotable deseo de permanecer allí como dueñas absolutas.

- Qué extraño - se dijo Juana en voz muy baja -, cada vez que pienso en alguien o en algo, aparece en mi mente la idea obsesiva de la eternidad. De ese tiempo infinito sin principio ni fin. Tal vez porque ella significaba la mediación entre dos mundos, el espiritual y el real. Como en los sentimientos, donde existe una atracción magnética que no solo une a los cuerpos con las almas, sino con nuestros propios espíritus. ¡Qué extraño !

Quizá fue aquella búsqueda inconsciente y obsesiva dentro de su mente lo que le hizoestremecer.

Se levantó de la cama y sin hacer ruido se acercó a la puerta de la habitación contigua. La abrió suavemente y vio que su doncella dormía con total placidez. Entonces, colocándose una capa de lana sobre su largo camisón, se calzó unas gruesas medias para que nadie escuchara sus pasos y, tomando una vela, se encaminó hacia la puerta. Conteniendo la respiración para no ser oída, observó si algún guardia rondaba por las espaciosas galerías del palacio. Todos dormían vencidos por el cansancio. Presurosa cruzó frente a la puerta de la sala de los Abencerrajes; entonces, sobre su espalda sintió la sensación del aliento helado de aquellas almas, trágicamente decapitadas, por sospechas de traición, en manos del rey Abulhasán. Se estremeció, ¿ Acaso la muerte la estaba siguiendo ?

Aceleró sus pasos pero, al pasar frente a la fuente, la tenue luz de la vela iluminó pobremente el fondo y el agua hizo resaltar unas macabras manchas rojas.

Sintió miedo. Una fuerza magnética la atraía. Miró hacia el otro extremo del patio, donde se levantaba la sala de los Reyes, y escuchó unos pasos que se acercaban. Apagó la vela y corrió a refugiarse tras el marco de una puerta. El centinela de guardia continuó su ronda y Juana, abriendo la puerta con cuidado, se escondió dentro de la sala de Dos Hermanas. La blanca luz de la luna reflejó la imponente cúpula de mocárabes, produciéndole una sensación de especial encanto.

En puntillas, y tal como había llegado, se dirigió hacia el fondo del salón desde donde se abría el mirador de Lindaraja.

El palacio de los Leones se erigiría en el palacio de la intimidad y de los aposentos y vida familiar de los reyes. Carecía de toda protección al exterior y aquel era su único mirador. Juana se acercó sigilosa. Desde allía se abría una bella perspectiva del Albaicín y del Sacro Monte. Absorta, contempló la única vista de Granada que podía divisarse desde el palacio.

Algo relucía más que la propia luna, y le llamó la atención. Sobre uno de los minaretes brillaba una inmensa cruz de plata. Se persignó y comenzó a rezar en silencio, pero al volver la vista la cruz había desaparecido.

Entre sorprendida e incrédula dirigió su mirada hacia el Sacro Monte y allí vio plantadas otras cuatro cruces iguales a la anterior. Se refregó los ojos con desconfianza, pero al mirar nuevamente en la misma dirección todo había desaparecido.

Con el corazó agitado desanduvo el mismo camino y volvió a acostarse sigilosamente."

 

Juana la reina loca de amor, Yolanda Scheuber, Ediciones Nowtilus p.91-93, 2010 (novela histórica)

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Jeanne, fille des Rois Catholiques, passe à l'Alhambra la première nuit après la capitulation de Boabdil... La jeune Jeanne, qui alors âgée de treize ans n'est pas encore Jeanne la Folle, découvre le palais; avec l'intuition qui est propre à une enfance pas encore tout à fait évanouie, elle ressent la présence des fantômes maures, elle ressent l'Histoire, cette Histoire dans laquelle elle entrera plus tard contre sa volonté, se transformant elle-même en fantôme alors qu'elle n'aspirait qu'à vivre...

 

Les festivités prirent fin lorsqu'on sonna les vêpres. Fatiguée par cette épuisante et joyeuse journée, Jeanne fut conduite vers les nouveaux appartements qui lui avaient été attribués dans le palais des Lions. Elle traversa la cour en silence, en contemplant l'un des endroits les plus charmants de l'Alhambra. Ses cent-vingt-quatre colonnes et leurs arcs se dressaient comme une épaisse palmeraie, au milieu de laquelle, comme dans une oasis, s'élevait une imposante fontaine ornée de douze lions. Une fois que les bruits de la fête eurent disparu, seul le bruit de l'eau, qui paraissait faire écho aux colonnes élancées, au vert frais des citronniers et à la posture hiératique des félins, parvenait jusqu'à elle. Ce son doux mais monotone l'accompagna jusque dans l'intimité de ses appartements, et avec ce murmure qui semblait la bercer, elle s'endormit immédiatement.

Malgré la fatigue, vers minuit quelque chose la tira de son lourd sommeil. Elle entrouvrit les yeux dans la pénombre et resta immobile, s'efforçant de se rappeler où elle se trouvait. La faible lueur de la lune s'infiltrait doucement à travers les jalousies, baignant toute la pièce de cette ambiance faite pour le recueillement. Elle habitua ses yeux à l'obscurité, puis remarqua les inscriptions sur les murs, ornées de motifs végétaux. Alors tout lui revint en mémoire. Elle alluma une bougie et observa plus attentivement ces écritures arabes et coufiques, à l'élégance singulière et aux traits voluptueux et mystérieux. Les hiéroglyphes étaient mis en valeur par les dorures et les couleurs. La voûte du plafond avait été entièrement sculptée en une multitude de feuilles, répliques des feuillages des jardins et élaborées, selon la tradition, à partir d'un mélange très travaillé de stucs, de coquilles d'oeufs et d'amandes.

Soudain une étrange sensation l'envahit. Cette immense forteresse, capable d'abriter une armée de quarante mille hommes, semblait prisonnière d'un sortilège secret. Sortilège dont elle ne parviendrait jamais à se défaire, figée dans le temps comme une possession fantomatique et perpétuelle des rois maures.

Alhambra serait pour toujours synonyme de présence arabe. Une enclave musulmane sur une terre chrétienne jusqu'au fanatisme, qu'ils avaient courageusement et dignement défendue, et pour laquelle ils avaient lutté et trouvé la mort, défendant leur grand idéal.

Les ombres des maures rôderaient pour l'éternité entre ces murs, comme prisonnières de leur inépuisable désir de continuer à régner en maîtresses absolues des lieux.

Comme c'est étonnant - se dit Jeanne à voix basse -, chaque fois que je pense à quelqu'un ou à quelque chose, l'idée obsédante de l'éternité s'impose à moi. Peut-être parce qu'elle signifiait le lien entre le monde spirituel et le monde réel. Comme pour les sentiments, où il existe une attraction magnétique qui unit les corps aux âmes, mais aussi à nos propres esprits. Comme c'est étonnant !

Ce fut peut-être cette recherche inconsciente et obsédante au sein même de son esprit qui la fit trembler.

Elle se leva et sans bruit s'approcha de la porte de la pièce contigüe. Elle l'ouvrit doucement et vit que sa suivante dormait le plus paisiblement du monde. Alors, elle mit une cape de laine par-dessus sa longue chemise de nuit, enfila d'épais bas pour que personne ne l'entende marcher, attrapa une bougie et se dirigea vers la porte. Retenant sa repiration pour ne pas être entendue, elle s'assura qu'aucun garde ne faisait sa ronde dans les grandes galeries du palais. Ils dormaient tous, vaincus par la fatigue. Elle passa rapidement devant la porte de la salle des Abencerrajes; alors, par-dessus son épaule, elle sentit le souffle glacé de ces âmes, tragiquement décapitées pour avoir été soupçonnées de trahison, entre les mains du sultan Abulhasán. Elle trembla; la mort était-elle entrain de la suivre ?

Elle accéléra le pas, mais en passant devant la fontaine, de macabres taches rouges apparurent au fond de l'eau, faiblement éclairée par la lueur de la bougie.

Elle eut peur. Une force irrésistible l'attirait. Elle regarda de l'autre côté de la cour, où se dressait la salle des Rois, et entendit des pas qui s'approchaient. Elle éteignit la bougie et courut se réfugier dans l'encadrement d'une porte. La centinelle de garde poursuivit sa ronde; Jeanne ouvrit la porte avec précaution et se cacha dans la salle des Deux Soeurs. La lumière blanche de la lune éclaira l'imposante coupole de mocarabes, lui donnant un charme singulier.

Sur la pointe des pieds, comme elle était venue, elle se dirigea au fond de la salle où se trouvait le mirador de Lindaraja.

Le palais des Lions s'érigerait en palais de l'intimité et de la vie familiale des rois. Il n'avait aucune protection et il s'agissait de sa seule ouverture vers l'extérieur. Jeanne s'approcha prudemment. De là on avait une belle vue sur l'Albaicin et le Sacro Monte. Pensive, elle contempla la seule vue sur Grenade que l'on pouvait avoir depuis le palais.

Quelque chose brillait plus que la lune elle-même et attira son attention. Sur l'un des minarets brillait une immense croix d'argent. Elle fit le signe de croix et commença à prier en silence, mais lorsqu'elle regarda à nouveau, la croix avait disparu.

Surprise et dubitative, elle regarda en direction du Sacro Monte et y vit quatre croix semblables à la précedente. Perplexe, elle se frotta las yeux, mais lorsqu'elle regarda à nouveau dans cette direction, tout avait disparu. Le coeur agité, elle fit le chemin en sens inverse et retourna se coucher en silence.

 

Traduction française: Véronique RAMOND

Juana la reina loca de amor, Yolanda Scheuber, Ediciones Nowtilus p.91-93, 2010 (novela histórica)

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