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El blog de Sueños de España

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Hace muchos años, cuando el idioma castellano entró en mi vida, empecé un maravilloso viaje que nunca acabará... Y tanto me gusta compartirlo con vosotros ! Gracias por seguirme, por participar, por dejar comentarios y leerme, y sobretodo, gracias por el amor y el cariño que les tenéis a nuestra bella España y a las culturas hispánicas.


Elegía a Doña Juana la Loca - Federico García Lorca

Publié par vero0576 sur 22 Décembre 2010, 20:49pm

Catégories : #Juana I de Castilla - la Loca, #Federico García Lorca, #Poésie - Poesía, #art - arte, #Historia

Elegía a Doña Juana la Loca - Federico García Lorca

 

 

Elegía a Doña Juana la Loca
 

Princesa enamorada sin ser correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol. 

Eras una paloma con alma gigantesca
cuyo nido fue sangre del suelo castellano,
derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve
y al querer alentarlo tus alas se troncharon. 

Soñabas que tu amor fuera como el infante
que te sigue sumiso recogiendo tu manto.
Y en vez de flores, versos y collares de perlas,
te dio la Muerte rosas marchitas en un ramo. 

Tenías en el pecho la formidable aurora
de Isabel de Segura. Melibea. Tu canto,
como alondra que mira quebrarse el horizonte,
se torna de repente monótono y amargo. 

Y tu grito estremece los cimientos de Burgos.
Y oprime la salmodia del coro cartujano.
Y choca con los ecos de las lentas campanas
perdiéndose en la sombra tembloroso y rasgado. 

Tenías la pasión que da el cielo de España.
La pasión del puñal, de la ojera y el llanto.
¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo,
con la rueca de hierro y de acero lo hilado! 

Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente,
ni el laúd juglaresco que solloza lejano.
Tu juglar fue un mancebo con escamas de plata
y un eco de trompeta su acento enamorado. 

Y, sin embargo, estabas para el amor formada,
hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo,
para llorar tristeza sobre el pecho querido
deshojando una rosa de olor entre los labios. 

Para mirar la luna bordada sobre el río
y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño
y mirar los eternos jardines de la sombra,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol! 

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz?
O se enredan serpientes a tus senos exhaustos...
¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?
¿Dónde fue la tristeza de tu amor desgraciado? 

En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto,
tendrás el corazón partido en mil pedazos.
Y Granada te guarda como santa reliquia,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol! 

Eloisa y Julieta fueron dos margaritas,
pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado
que vino de la tierra dorada de Castilla
a dormir entre nieve y ciprerales castos. 

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
los cipreses, tus cirios; la sierra, tu retablo.
Un retablo de nieve que mitigue tus ansias,
¡con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro! 

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
la de las torres viejas y del jardín callado,
la de la yedra muerta sobre los muros rojos,
la de la niebla azul y el arrayán romántico. 

Princesa enamorada y mal correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol. 

Fotos de la película Juana la Loca de Vicente ArandaFotos de la película Juana la Loca de Vicente Aranda
Fotos de la película Juana la Loca de Vicente Aranda
Fotos de la película Juana la Loca de Vicente ArandaFotos de la película Juana la Loca de Vicente ArandaFotos de la película Juana la Loca de Vicente Aranda

Fotos de la película Juana la Loca de Vicente Aranda

Tercera hija de los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, Juana de Castilla nació el 06 de noviembre de 1479. Sus padres le dieron una educación piadosa y esmerada; a los 15 años sabía perfectamente de latín. Fue una de las reinas más cultas de su época.

Si físicamente se parecía mucho a Juana Enríquez, su abuela paterna, de su abuela materna heredó cierta fragilidad sicológica ya que desde pequeña daba muestras de un carácter extremado que intentaban refrenar sus padres y educadores.

Sin embargo a los 16 años la casaron sus padres con el archiduque Felipe de Austria, hijo del emperador Maximiliano I de Habsburgo y de la duquesa María de Borgoña. Cuando se vieron por primera vez en Lierre los futuros esposos sintieron tal atracción recíproca que quisieron casarse de inmediato para adelantar la noche de bodas. Pero si Doña Juana se enamoró de verdad de Felipe, para él sólo fue la infanta una aventura sexual más, y el matrimonio no le hizo reprimir sus impulsos, lo que muy rápidamente provocó escenas de celos y peleas, y le trastornó el juicio a Juana que fue hundiéndose en cierta forma de depresión.

En 1503, después de una estancia en Toledo donde Felipe y Juana fueron proclamados herederos del trono, Don Felipe decidió salir a Flandes. Doña Juana, ya madre de cuatro hijos, entre los cuales el futuro emperador Carlos V, andaba tan desesperada por la ausencia de su marido que no pudieron sino dejarla marcharse a Flandes. Pero incluso cerca de su esposo, Juana seguía con su delirio de celos, hasta tal punto que se negaba a que se embarque ninguna mujer en la flota que, en 1506, les conducía definitivamente a España.

Antes de su muerte la reina Isabel ya había tomado disposiciones para que su marido tomara las riendas del poder en caso de incapacidad de Doña Juana. Con la Concordia de Salamanca, firmada en 1506, el rey Fernando prosiguió con la tarea de Isabel: todos los documentos se encabezarían y expedirían con el nombre de Doña Juana, Don Felipe y Don Fernando, siendo suficiente la firma de uno solo de ellos en caso de ausencia de los otros. También se añadieron cláusulas secretas en caso de incapacidad de Juana.

Pero en septiembre de 1506 se produjo lo improbable: la muerte de don Felipe después de varios días de fiebre, que acabó de hundir a Doña Juana en la melancolía. Le enterraron primero en Burgos, y después empezó un largo y mácabro viaje hacia Granada que para Juana se detuvo en Tordesillas en 1509, viaje que participó mucho en la leyenda romántica de la reina loca de amor; Doña Juana seguía por todas partes el ataúd de su marido, impidiendo que se le acercara ninguna mujer hasta que le enterraran definitivamente en el panteón real de Granada con la reina Isabel en 1525.

En 1509 decidió Fernando encerrar en Tordesillas a su hija Juana con su nieta Catalina, nacida durante el viaje a Granada. Allí fue empeorando el estado de la reina: no se aseaba, dormía en el suelo, tenía arrebatos de furia... No mejoró su estado cuando en 1516, a la muerte de su padre, llegó al poder como regente designado por Fernando su hijo Carlos.

En 1520, cuando los comuneros se rebelaron contra Carlos I, intentaron liberar a Juana y hacerle firmar decretos sobre la nueva organización del gobierno pero ella se negó. Se quedó encerrada en Tordesillas hasta su muerte el 12 de abril de 1555, ocurrida en terribles sufrimientos físicos, además de los dolores psíquicos que padecía desde hacía tantos años.

Elegía a Doña Juana la Loca - Federico García Lorca

Troisième enfant du roi Ferdinand d'Aragon et de la reine Isabelle de Castille, Jeanne de Castille naquit le 06 novembre 1479. Ses parents lui donnèrent une éducation pieuse et soignée; à quinze ans elle connaissait parfaitement le latin. Elle fut l'une des reines les plus cultivées de son époque.

Si physiquement elle tenait beaucoup de Juana Enriquez, sa grand-mère paternelle, elle avait hérité de sa grand-mère maternelle une certaine fragilité psychologique, en effet elle faisait preuve depuis toute petite d'un caractère très excessif que ses parents et ses éducateurs tentaient de refréner.

Cependant alors qu'elle avait seize ans ses parents lui firent épouser l'archiduc Philippe d'Autriche, fils de l'empereur Maximilien I de Habsbourg et de la duchesse Marie de Bourgogne. Lorsque les futurs époux se virent pour la première fois à Lierre, ils ressentirent une telle attirance l'un pour l'autre qu'ils voulurent célébrer immédiatement le mariage de manière à avancer la nuit de noces. Mais si Jeanne était réellement tombée amoureuse de Philippe, pour lui l'infante ne fut qu'une aventure sexuelle de plus, et ce ne fut pas le mariage qui lui fit réprimer ses pulsions, ce qui amena rapidement des scènes de jalousie et des disputes, et troubla la raison de Jeanne qui sombra dans une sorte de dépression. 

En 1503, après un séjour à Tolède où Philippe et Jeanne furent proclamés héritiers du trône, Philippe décida de partir pour les Flandres. Jeanne, alors mère de quatre enfants, dont le futur empereur Charles Quint, se désespérait tellement de l'absence de son mari qu'on ne put que la laisser partir pour les Flandres. Mais même auprès de son époux, sa jalousie délirante ne la quittait pas, à tel point qu'elle refusait qu'aucune femme n'embarque sur la flotte qui, en 1506, les conduisait définitivement en Espagne. 

Avant sa mort la reine Isabelle avait déjà pris des dispositions pour que son époux prenne les rênes du pouvoir en cas d'incapacité de Jeanne. Avec l'Accord de Salamanque, signé en 1506, le roi Ferdinand poursuivit la tâche commencée par Isabelle: tous les documents seraient au nom de Jeanne, Philippe et Ferdinand, et la signature d'un seul suffirait en cas d'absence des autres. Des clauses secrètes furent également ajoutées en cas d'incapacité de Jeanne. 

Mais en septembre 1506 l'improbable se produisit: la mort de Philippe, après plusieurs jours de fièvre, acheva de plonger Jeanne dans la mélancolie. Il l'enterrèrent d'abord à Burgos, et ensuite commença un long et macabre voyage vers Grenade qui pour Jeanna s'arrêta à Tordesillas en 1509, voyage auquel doit beaucoup la légende romantique de la reine folle d'amour; Jeanne suivait partout le cercueil de son mari, empêchant qu'aucune femme ne s'en approche, jusqu'à ce qu'il soit définivement enterré dans le panthéon royal de Grenade avec la reine Isabelle en 1525. 

En 1509 Ferdinand décida de faire enfermer à Tordesillas sa fille Jeanne et sa petite-fille Catherine, née durant le voyage à Grenade. Là-bas l'état de la reine ne fit qu'empirer: elle ne prenait pas soin d'elle, dormait par terre, avait des accès de fureur... Son état ne s'améliora pas quand en 1516, à la mort de son père, son fils Charles, désigné par Ferdinand comme régent, arriva au pouvoir. 

En 1520 lorsqueles comuneros se rebellèrent contre Charles I, ils tentèrent de libérer Jeanne et de lui faire signer des décrets concernant la nouvelle organisation du gouvernement, mais elle refusa. Elle resta enfermée à Tordesillas jusqu'à sa mort le 12 avril 1555, qui se produisit dans de terribles souffrances physiques, en plus des douleurs psychiques dont elle souffrait depuis des années.

 

Bibliografía: Carlos Fisas, Historias de las reinas de España, La Casa de Austria, Planeta, 1994

Elegía a Doña Juana la Loca - Federico García Lorca
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